• Radio Guadalupe - Unidos Por La Fe

24th julio 2014

Dios perdona siempre

37MujerAdultera01Todos recordamos aquella escena en la que una gran muchedumbre traía a una mujer sorprendida en adulterio. Venían con piedras en las manos, dispuestas a apedrearla. Jesús les dijo retándoles: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Y ese Jesús, al ver que nadie le tiraba piedras, le dice: “¿Nadie te ha condenado, mujer? Yo tampoco te condeno”.
Agradecemos inmensamente a San Lucas que nos haya hecho este reportaje trágico y estupendo al mismo tiempo, que podría titularse: “Cómo condenan los Hombres. Cómo perdona Dios”.

Por experiencia sabemos que los hombres no perdonan, ni olvidan. Pero es un alivio oír de labios de Jesús aquellas palabras: “Yo tampoco te condeno”, porque todos sentimos en lo más hondo del alma la necesidad grande y dolorosa de que Dios nos perdone.

No es difícil aparentar ante los demás ser hombre de bien o mujer honesta, pero ante Dios, no queramos guardar las apariencias, porque no podemos.

En el fondo Dios nos asusta. Y algunas veces nos preguntamos seriamente: ¿Podrá Dios perdonarme a mí? Hay algunos que ya no se lo preguntan, sino que se dicen a sí mismos con una tremenda seriedad: “Yo no tengo perdón de Dios”.

Es la misma frase que debió decir Judas cuando vio que su traición le costó la vida a Jesús; “He pecado entregando sangre inocente”. ¡Muy bien dicho!.

Entró en el templo y arrojó 30 monedas en la cara de los sacerdotes y escribas, ¡muy bien hecho!.
Judas todavía conservaba algo bueno. Esa frase y esas monedas fueron dos hechos grandes dignos de un santo. Pero en ese momento en que pudo cambiar totalmente su vida, se atravesó en su mente una desesperada y terrible convicción: ¡No tengo perdón de Dios, no tengo perdón de Dios!. Y fue y se ahorcó.

En vez de volver a ver a Cristo, a pedir perdón, nos vamos ahorcando poco a poco en la desesperación, seguimos los mismos pasos y los mismos pensamientos: “He pecado muchas veces, ya no me puede perdonar Dios”.

Quizá también tiramos las monedas a la cara del demonio o de una persona, pero nos falta el paso más importante, el mismo que le faltó a Judas, el que salvó a Pedro: las lágrimas de arrepentimiento.

El error del traidor fue pensar que Cristo no lo quería perdonar, que era demasiado. Pero se equivocó. Aquella misma noche Cristo lo había invitado a su mesa, a cenar con Él. Le lavó los pies con delicadeza y lo llamó amigo en el mismo momento que lo vendía.

Pedro hizo algo más grave que Judas, renegó tres veces de Él, del mismo Dios, pero no desesperó; aquella mirada de Cristo se lo aseguró. Mientras Judas se suicidaba abriéndose las entrañas, así lo dice el Evangelio, el rudo pescador de Galilea, lloraba como un niño a las puertas de la casa de Caifás.

Han pasado 20 siglos de historia desde aquel día. Han existido muchos imitadores de Judas y Pedro. ¿A quién de los dos prefieres imitar?
Confía en Dios y acertarás. Hace mucho tiempo que Cristo te espera. Es una cita de perdón, para decirte con un amor tan inmerecido como cierto: “Yo tampoco te condeno, ve y no vuelvas a pecar…”

Pedro y Judas representan a dos clases de hombres: todos pecamos como ellos: Judas vendiéndolo, Pedro negándolo. Pero Judas se ahorcó de un árbol y Pedro lloró confiadamente su pecado. Esa es la diferencia.

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23rd julio 2014

8 consejos del Papa Francisco para tener éxito en el matrimonio

Primero, los novios tienen que estar dispuestos a convertirse en artesanos o incluso, en joyeros.

Francisco
“El matrimonio es un trabajo de todos los días, se puede decir que artesanal, un trabajo de orfebrería porque el marido tiene la tarea de hacer más mujer a la mujer y la mujer tiene la tarea de hacer más hombre al marido. Crecer también en humanidad, como hombre y mujer”.

Dijo el Papa que es un trabajo “para siempre” pero que no hay que asustarse. Se puede construir día a día.

Francisco
“El amor es una realización, una realidad que crece y podemos decir, como ejemplo, que es como construir una casa. Y la casa se construye juntos, ¡no solos!”.

Para vivir juntos para siempre es necesario que los cimientos del matrimonio estén asentados sobre roca firme.

Francisco
“No querréis construirla sobre la arena de los sentimientos que van y vienen, sino sobre la roca del amor verdadero, el amor que viene de Dios”.

Para que un matrimonio sea feliz, no basta con que dure “para siempre”. La cantidad es tan importante como la calidad.

Francisco
“Un matrimonio no tiene éxito sólo si dura, es importante también la calidad”.

Y hay que mirar al cielo. Como se pide el pan de cada día en el Padrenuestro, el Papa recomienda una oración para los esposos.

Francisco
“En el Padrenuestro decimos: ´Danos hoy nuestro pan de cada día”. El matrimonio puede aprender a rezar así: ´Danos hoy nuestro amor de cada día´”.

Para Francisco, estar enamorado significa pronunciar a menudo estas tres palabras: con permiso, gracias y perdón.

Francisco
“¿Puedo?” Es la petición amable de entrar en la vida de algún otro con respeto y atención… ¿Sabemos dar las gracias?: En vuestra relación ahora y en vuestra futura vida matrimonial , es importante mantener viva la conciencia de que la otra persona es un don de Dios… y a los dones de Dios se les dice ´gracias´”.

Francisco avisa: no hay ninguna persona que sea perfecta. Por eso, el secreto de la felicidad es pedir perdón.

Francisco
“Todos sabemos que no existe la familia perfecta, ni el marido o la mujer perfectos. No digamos la suegra perfecta …Existimos nosotros, los pecadores. Jesús, que nos conoce bien, nos enseña un secreto: que un día no termine nunca sin pedir perdón”.

Francisco también dio algunos consejos para hacer del día de la boda una jornada inolvidable y genuina.

Francisco
“Hacedla de forma que sea una auténtica fiesta, porque el matrimonio es una fiesta, una fiesta cristiana, ¡no una fiesta mundana!¡Imaginad acabar la fiesta bebiendo té! No puede ser. ¡Sin vino no hay fiesta!”.

Amor, paciencia, comprensión y oración son algunos de los elementos presentes en los consejos del Papa. Después del “sí quiero” no hay que quedarse con los brazos cruzados sino trabajar el “para siempre”.

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